viernes, 24 de febrero de 2017

Silver Spoon #13: Eso nunca pasó

13 tomos de la cuchara de plata. Eso de la mala suerte no existe, relajaos.

Me encanta que a Hachiken y Mikage les jodan los momentos íntimos. No es custión de celos -que también- sino me he acostumbrado tanto a su relación y a su ritmo, que me gusta tanto cómo están llevando las cosas ese par de tortolitos, que cuando parece que van a dar un paso "demasiado grande" estoy deseando que salga el Okawa de turno para fastidiarles el momento y descojonarme. Yo creo que hasta ellos lo tienen asumido porque a pesar de no haber oficialidad se comportan y hablan como una pareja, hay una confianza y un entendimiento que ya quisiéramos muchos de nosotros.

Si echabais de menos las competiciones de equitación no desesperéis, que en este tomo vais a tener para rato. De hecho el grueso del tomo está dedicado al torneo provincial donde se juegan ir al Gotenba. Muchos momentazos, tanto cómicos como de la competición en sí. Solo deciros que Mikage está es-pec-ta-cu-lar. Hachiken a su manera también.

Aparte de eso hay muchas pizzas, patatas y queso. Mola. Me encanta. Qué hambre.


Lo mejor: la información es poder; la foto que ahuyenta malos espíritus; formas bonitas de eliminarse;

Lo peor: el hambre que te da cuando lo terminas de leer.

lunes, 23 de enero de 2017

Click! (otra vez)


En aquel ya lejano -por fortuna- 2016 acaeció la presentación oficial de Nintendo Switch, el nuevo hardware nintendero destinado a reverdecer los laureles de la compañía nipona y a revolucionar la un poco estancada industria del videojuego. Bien, casi llegando a la mitad enero se produjo la gran puesta de largo, la visión más o menos profunda de lo que es Switch y lo que nos va a dar a partir del 3 de marzo. Después de unos días barruntando mi opinión y esta entrada puedo decir que mi sentimiento respecto a esta máquina es de moderada decepción a corto plazo y tenue optimismo en el largo. Si os apetece, os cuento todo lo que tengo dentro y luego contrastáis con vuestras impresiones.

Primero, el hardware. En ese aspecto la consola me gusta mucho. Su diseño es limpio, serio, da sensación de robustez, se aleja de esa sensación de juguete que daban sus predecesoras. La pantalla me parece más que suficiente, el salto de 720p a 1080p apenas se nota por muy flamencos que se pongan algunos y los juegos se ven de fábula, incluso mejor que cuando está en modo sobremesa. Sobre eso, Nintendo puede decir misa, pero esta es una consola portátil se mire por donde se mire; la base se limita a ser una forma molona de conectar la consola a una televisión, amén de suministrar energía y liberar toda la potencia de la consola. Si no hay procesador auxiliar no hay hibridez que valga. Soy consciente de que la transición de 3DS a Switch debe ser suave -un parque de 60 millones de consolas de doble pantalla lo exige-, pero una vez acabe el año y salgan los últimos grandes lanzamientos Switch se debe comer a 3DS por el bien del éxito comercial de la primera.

Pero los protagonistas de la conferencia fueron los Joy-Con, esos Wiimote hipervitaminados que tanto valen para uno como para dos jugadores. Se nota que se ha trabajado muchísimo en ellos respecto a su diseño y a la tecnología que implementan: la vibración HD y la cámara infrarroja son susceptibles de dar bastante juego si se aprovechan. Exacto, si se aprovechan. Veremos a ver si la cosa no se queda en ese 1-2-Switch y en un uso vago y a regañadientes como ocurrió con el tabletomando de Wii U. Las third parties por norma general son reacias a estas innovaciones, les complican la producción de juegos y muchas veces no les compensa el esfuerzo. Por cierto, no acabo de entender muy bien eso de vender una versión de Switch con un Joy-Con azul y otro rojo. No me llevo bien con la asimetría, hubiera preferido ambos del mismo color.


Las grandes decepciones respecto al hardware son dos: la memoria interna de la consola, escasísimos esos 32 Gb para aquellos fans de los juegos indies o los que simplemente prefieren el formato digital. Cierto es que la consola es compatible con tarjetas micro SD y en el futuro lo será con discos duros externos, pero es un gasto extra y no creo que hubiera supuesto un gran problema añadir más capacidad. La otra es la batería, que dará entre 2,5 y 6 horas de autonomía dependiendo del juego. No se me malinterprete, es un auténtico logro conseguir tres horas de batería con un juego del calibre de The Legend of Zelda -Breath of the Wild-, incluso reconozco que es más que suficiente para el 99% de los potenciales compradores de Switch, pero se podría haber dado más de sí en ese aspecto. A los jugadores más inclinados a la parte portátil de la consola sentirán que la autonomía es escasa. Estos problemas de hardware son los típicos que se arreglan con una de esas revisiones de consola a las que Nintendo nos tiene tan acostumbrados. De aquí a dos años nueva versión al canto y aquí Dios y después gloria.

Inciso corto para el tema del online de pago: me parece una auténtica canallada cobrarte por jugar en línea una vez desembolsado un buen dinero por la consola, por el juego, por accesorios varios y por la conexión a internet de tu casa. Y me da igual la compañía y los incentivos o ventajas. Es una cerdada. Punto. De primeras ese tema me dio igual porque soy un jugador solitario, de los que no le ven atractivo al juego online, pero luego pienso en Splatoon 2, Mario Kart, Super Smash Bros... Ese tipo de juegos que dan un extra de diversión y posibilidades con un modo online y sienta mal tener que pasar por caja para poder sacarles todo el jugo. Lo dicho, de auténticos ladrones la decisión de marras.


Ahora el software. La batería de juegos de lanzamiento se me antoja escasa y con falta de mordiente. Breath of the Wild es el que salva los muebles y se convierte en el vendeconsolas de Switch gracias a ese trailer precioso y épico; a mí me dejó fascinado y no soy fan de la saga, supongo que los zelderos de pro derramaron lágrimas de emoción. El gran problema es que no es un exclusivo de la consola y los que tengan Wii U y anden escasos de presupuesto van a decantarse por esa versión. Del resto... poca cosa, 1-2-Switch no deja de ser una demo técnica para exhibir las bondades de los Joy-Con que debería haberse incluido con la consola, Bomberman mola pero no enamora ni justifica la compra de una consola, y Just Dance y Skylanders son ports de juegos que llevan tiempo en el mercado, el que quisiera jugarlos ya los compró hace tiempo.

Ahora bien, a lo largo del año habrá títulos importantes a la venta, como ARMS, la nueva IP de Nintendo que sacará el jugo a los Joy-Con con su original propuesta de combates con brazos extensibles, o la revisión de Mario Kart 8 y Splatoon 2, que promete más y mejores guerras a golpe de tinta. Xenoblade Chronicles 2 levantó de sus asientos a más de uno -aunque el rendimiento del juego era muy pobre- y la confirmación de Sonic Mania es una buenísima noticia. Eso sí, todos fueron eclipsados por Super Mario Oddisey, lo nuevo del carismático fontanero. Chicos, ese juego tiene una pinta espectacular y va a salir en Navidad, lo que significa que tienen todo un año para pulirlo y hacer de él un auténtico bombazo. Más allá de eso, mucho port de juego ya en venta en otras plataformas e indies que se han ido confirmando en los días posteriores a la presentación, sin olvidar ese nuevo Fire Emblem que llegará en 2018 y que seguro supone otro espaldarazo para terminar de convencer a los indecisos.

Respecto a las third parties... Muy tibias en general. Lo de FIFA y Skyrim no me dice nada, el caso del juego de Bethesda me parece incomprensible: ¿qué incentivos vas a darle a un usuario de Switch para que compre un juego que lleva más de un lustro a la venta y que se puede adquirir en unas rebajas a precio de risa? Da la impresión de que estas empresas buscan cargarse de razones para retirar lo antes posible el apoyo a la consola de Nintendo de turno. Lo único que me llamó poderosamente la atención fue ese Project Octopath Traveller de Square-Enix con su combinación  espectacular de diseños retro y actuales.


Me he dejado para lo último la parte más polémica del asunto: el precio. Creo que todos nos dejamos llevar por los rumores y asumimos que la consola nos iba a salir más bien barata y esos 330 € han sido un jarro de agua fría para la mayoría. No me parece un precio injusto ni desproporcionado, pero sí un precio alto, un precio que tienes que pagar si eres un cagaprisas y quieres tenerla en tu casa desde el primer día. Creo que a finales de año los 30 € extra desaparecerán o entrarán en juego los packs que los justificarán, así que la opción más sensata es esperar y ver cómo se desenvuelve la máquina en sus primeros meses de vida.

Donde se ha pasado tres pueblos Nintendo es con los accesorios. Qué digo tres, tres mil pueblos. El mando pro a 70 €, una pareja de Joy-Con ¡a 80! El soporte de carga para los Joy-Con a 25... Ya imaginaba que la gallina de los huevos de oro de esta consola estaría en los accesorios, pero los precios son excesivos. Y más teniendo en cuenta que la compañía nipona no tiene costumbre de bajar precios con el pasar del tiempo. Un despropósito, pero todos acabarán pasando por el aro. Al tiempo.

Y hasta aquí hemos llegado, señores. Todo lo que tenía que decir ha sido dicho, y no ha sido poco. Como siempre, mis felicitaciones a los valientes que habéis llegado al final. Os espero en la caja de comentarios con vuestros acuerdos y desacuerdos sobre mis sensaciones. ¡Talué!

domingo, 1 de enero de 2017

Y yo con estos pelos

¡Feliz 2017!


Por fin se ha acabado el 2016, ese año de mierda. Ya está aquí el 2017 y aunque la perspectiva es más bien oscura, no pierdo nada por darle una oportunidad. Ojalá sea un punto de inflexión para mí, ojalá que para vosotros sea un buen año, un año para recordar con una sonrisa. Si os sirve de algo yo estaré aquí (como siempre) escribiendo tonterías para alegraros cada semana. Ojalá vosotros estéis aquí para leerlas. ¡Un abrazo!

sábado, 24 de diciembre de 2016

Pues eso

¡Feliz Navidad!


¡Cuidado con las cenas familiares, que las inventó el diablo! ¡Sed felices!

viernes, 16 de diciembre de 2016

Dagashi Kashi

Trinket is the new sexy


Nunca comerse una chuchería fue tan sexy

Kokonotsu quiere ser mangaka pero su padre está empeñado en que herede el negocio familiar, una pequeña tienda de chuches. Entre las continuas peleas de padre e hijo hace su aparición Hotaru, una despampanante y excéntrica chica, heredera de una gran empresa de chuches que quiere contratar al padre de Kokonotsu. Hasta que lo consiga se convertirá en el "tormento" del chico con sus ocurrencias.

Puedo resumir y resumo esta serie en una palabra: Hotaru. La loca de las chuches es uno de esos personajes que justifica por sí solo el visionado de un anime. La chica desprende un carisma innegable sobre el que pululan golosinas y personajes. A las primeras las engrandece demostrando unos conocimientos bestiales sobre ellas, a los segundos los empequeñece con su sola presencia a pesar de que cumplen con su deber loablemente; es divertido ver cómo un chico tan serio como Kokonotsu acaba arrastrado con tanta facilidad en los juegos de Hotaru. Pero la que merece una mención especial es Saya, la gran damnificada al ser la única chica a parte de Hotaru. A pesar de ser adorable y bastante cumplidora como compañera de aventuras de la loca de los dulces, palidece ante la extravagancia y sensualidad de esta. Dicha sensualidad, dicho sea de paso, explotada con bastante inteligencia y elegancia, sin chabacanería ni mostrando más carne de la estrictamente necesaria.

Dagashi Kashi es Hotaru y Hotaru es Dagashi Kashi, así de simple. Porque si eliminas a Hotaru de la ecuación y lo piensas con frialdad la serie es una absoluta chorrada, una comedieta agradable y divertida para pasar el rato y olvidar cinco minutos después de verla. Su gran aportación, sobre todo para el público occidental, es la vasta información sobre las chucherías japonesas, algunas muy parecidas a las nuestras, la mayoría muy curiosas, ya sea porque se puede jugar con ellas antes de comerlas o porque haya que mezclar los distintos ingredientes antes, pasando por los envoltorios o recipientes comestibles. Es curioso y gratificante aprender un poco más de la historia de Japón a través de algo tan trivial como un caramelo.

En definitiva, es un anime entretenido y sencillo que uno disfruta tanto si le gustan las golosinas (recomiendo tener alguna a mano mientras se ve para matar el gusanillo) como si te gustan los buenos personajes femeninos. Cada episodio comienza con la misma pregunta en tu cabeza: "¿Cuándo sale Hotaru?"

#TeamSaya